Ver y leer noticias cada día pareciera ser un alimento a la rabia.
Constantemente la prensa hace alarde de su capacidad para colaborar con las empresas de anti-paz del estado, con el control de masas a través del pánico que tan bien les viene a los gobiernos para mantener a la población cortita, calladita y quietecita. Hay algo tal vez simpático en todo esto; tiene que ver con que el juego de la política esta cambiando de colores, como cuando la música de una fiesta comienza recién a ponerse buena, luego de que ya te tenía aburrido por un rato…
Sin embargo, ese sonido optimista de las nuevas músicas no logra sonar aún más fuerte que la poderosa banda del control, que tiene todos los parlantes y todas las pantallas y todas las páginas ocupadas con el rostro oficial de algún ministrucho, algún vocerrucho, algún presidentucho, algún candidatucho, prostituyendo el susto, vendiendo miedo, instalando odio, acorralando inocentes y aprovechando de paso para quedarse con otro trozo más de una torta cada vez más chica. Cada vez más agria.
Se nota tanto el miedo en los gobernantes. Se escucha tan claro el desahucio en la oposición cómplice.
Ojo!, que hay una parte de la población que se está comprando el miedo, que está paralizada también a punta de Te Ve eNes, a punta de MegaNOticias, a punta de Merculos, de Edwards y de Chadwicks (que suena a Sándwich, pero no es lo mismo) y Hinzpeterersss. Esa parte de la población es mayoritariamente anciana, cree aún en Karadima (si, hay gente que aún cree en su inocencia) y justifica la represión porque la juventud finalmente está descarriada, porque los ven desmantelando ciudades imaginarias completas por la tele, que en lo real, son 4 cuadras, durante 20 minutos, que amplificados por un país de pantallas encendidas, son guerrillas de días, en territorios feudales. Porque si se destroza un semáforo que aparece repetido mil veces, se destrozan mil semáforos imaginarios, y si los 20 encapuchados aparecen en todas las pantallas cada una hora, todos somos encapuchados… (that´s the press, that´s the game. I love this game… decían los publicistas no? Bueno, si no lo decían, lo deberían decir)
La derecha votante, los padres de familia (algunos de los nuestros), sin embargo, están entendiendo cuál es la regla de este juego, tal vez por desencanto, tal vez por desgaste, tal vez porque en el fondo todos nos damos cuenta si le ponemos ojo y oreja. Algo está pasando que hay un discurso que de a poco se está instalando, que tiene descontentos a zurdos y diestros, y que no va a quedarse en la mesa de domingo solamente, que va a llevar ambos brazos a la calle, y al cielo los gritos, porque aquí la solución no es que vuelvan los de antes, ni los de antes de los que estaban antes. Aquí la solución es, de una vez y por todas, salir a la calle y gritar. SE ACABÓ ESTA WEÁ!
Así tal cual, todos juntitos, en coro y en desorden…
Pensaba hace unos días en qué gracioso va a ser ver un próximo debate presidencial, con más de algún político oxidado y ciego apelando a las fórmulas clásicas del convencimiento, jugando al “yo prometo”, diciendo “yo no hice lo que hice”, sudando la gota gorda y enrabiado porque la pega está más difícil que antes. Porque ya no se va a poder tratar de convencer a alguien, si nadie está dispuesto a que lo sigan haciendo leso. Van a tener que empezar a hablar con la verdad (no queda otra), y tantos de esos se van a quedar abajo de la micro porque ya el juego no va a ser el mismo, porque ya no se van a ganar tan fácil el viático y no van a ser tan ciegos los ojos de la gente (ni los lentes de sus celulares).
Ojo le politics. Que la política cambie, no va a ser sólo un slogan de moda. Si hoy se llama Educación, mañana se llama Isapres, pasado AFPs, luego se llama Igualdad, luego Empresas Ladronas, y así…
Uff cuántas veces nos vamos a repetir los mismos 20 apellidos, cuando toque buscar responsables, en cada nuevo “tema país”.


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